Antes de salir de casa: preparar la mochila
Una buena competición puede empezar la noche anterior.
Preparar juntos la mochila evita prisas y olvidos. Aunque las necesidades pueden variar según la competición y la instalación, normalmente conviene llevar:
- Bañador de competición o el indicado por el club.
- Gorro.
- Gafas y, si es posible, unas de repuesto.
- Chanclas.
- Toalla —incluso una segunda si la jornada será larga—.
- Camiseta, sudadera o ropa del club para mantenerse abrigado entre pruebas.
- Agua.
- Algo adecuado para comer si la competición se prolonga, siguiendo las indicaciones habituales de la familia y entrenadores.
Y algo que parece evidente hasta que un día se olvida: revisar la mochila antes de salir.
Llegar con tiempo
Una competición no empieza cuando el árbitro da la salida.
Antes suele haber que acceder a la instalación, reunirse con el equipo, cambiarse y realizar el calentamiento establecido por los entrenadores.
Llegar con suficiente antelación permite hacer todo esto sin añadir nervios innecesarios.
Para un nadador que compite por primera vez, conocer la piscina, localizar a sus compañeros y empezar a seguir las instrucciones del entrenador ayuda a convertir un entorno desconocido en algo mucho más familiar.
El calentamiento también forma parte de la competición
Antes de competir llega el momento de entrar en el agua.
El calentamiento permite preparar el cuerpo y también familiarizarse con la piscina: referencias, paredes, poyetes y sensaciones del agua.
No es el momento de demostrar quién nada más rápido.
Es preparación.
Por eso resulta importante escuchar las indicaciones del entrenador y respetar las normas establecidas para el calentamiento de cada competición.
¿Qué son las series y las calles?
Cuando llegue el momento de competir, cada prueba estará organizada en una o varias series.
Dentro de cada serie, los nadadores ocupan diferentes calles.
Por ejemplo, un nadador podría escuchar:
“100 metros libre — serie 3 — calle 5”.
Eso le indica qué prueba va a nadar, en qué grupo de salida y en qué calle de la piscina.
Al principio todos esos datos pueden parecer complicados. Muy pronto forman parte del vocabulario habitual de cualquier nadador.
El momento de la salida
Entonces llega ese instante.
El nadador se acerca a su calle.
Escucha las indicaciones de los oficiales.
Se prepara.
Y durante unos segundos parece que todo alrededor desaparece.
Es completamente normal sentir nervios, especialmente las primeras veces. El objetivo no debería ser eliminarlos por completo, sino aprender poco a poco a convivir con ellos.
Cuando llega la señal de salida, ya no queda nada más que hacer que nadar.
¿Y si algo sale mal?
Puede ocurrir.
Unas gafas que se mueven.
Un viraje que no sale como en los entrenamientos.
Una marca peor de la esperada.
Una descalificación por un error técnico.
Todo forma parte del aprendizaje.
Una descalificación, por ejemplo, no significa que el nadador haya hecho una “mala competición”. Significa que se ha producido alguna acción que no se ajusta a las reglas de la prueba y que existe algo concreto que aprender para la próxima vez.
El error puede convertirse en una de las mejores herramientas para mejorar.
El cronómetro importa, pero no lo es todo
Después de tocar la pared llegará inevitablemente una pregunta:
¿Qué tiempo he hecho?
Y es lógico.
La natación competitiva utiliza el cronómetro para medir el rendimiento y mejorar una marca personal resulta enormemente satisfactorio.
Pero una primera competición puede tener muchos otros éxitos.
Atreverse a subir al poyete.
Recordar aquello que se trabajó durante la semana.
Hacer correctamente un viraje.
Terminar una distancia por primera vez.
Controlar los nervios.
Animar a un compañero.
O simplemente salir de la piscina pensando:
“Quiero volver a hacerlo.”
El papel de las familias
También se compite desde la grada.
Para las familias, especialmente en las primeras competiciones, puede resultar difícil contener los propios nervios.
Pero probablemente una de las mejores ayudas que podemos ofrecer a un joven nadador sea transmitir tranquilidad.
Antes de competir:
“Disfruta.”
Después:
“¿Cómo te has sentido?”
Y tanto si llega una mejor marca como si las cosas no salen según lo esperado:
“La próxima tendremos otra oportunidad.”
Los entrenadores se ocuparán de las correcciones técnicas. Desde la grada podemos aportar algo igualmente importante: apoyo.
Competir también se aprende
Nadie llega a su primera competición sabiendo competir.
Igual que aprendemos a respirar, virar o realizar una salida, también necesitamos aprender a gestionar esperas, nervios, resultados, errores y emociones.
Cada competición añade experiencia.
Y con el tiempo, aquella primera jornada que parecía llena de cosas desconocidas acaba convirtiéndose en uno de esos recuerdos que acompañan al nadador durante muchos años.
En el C.N. Riavall queremos competir para mejorar, superar retos y poner en práctica lo aprendido durante los entrenamientos.
Pero nunca olvidando la tercera palabra.
ENTRENA · COMPITE · DISFRUTA
